feb
23

…….Es posible ser feliz

Cuando se inicia una conversación acerca de este tema, siempre surgen las mismas preguntas: Queremos ser felices? A quién no le gustaría ser o estar feliz? Que necesito para ser feliz? En verdad soy feliz? Que me impide serlo? Qué necesito hacer para ser feliz?

Aunque parezcan preguntas sencillas de fáciles respuestas, no es tan simple explicarlo,; en primer lugar porque no todos estaríamos de acuerdo  ya que no toda las personas piensan y sienten de la misma manera y en segundo lugar porque la felicidad es algo complejo que trasciende la alegría. Sin embargo, para respondernos estas preguntas que comúnmente nos hacemos en nuestra vida cotidiana y en ocasiones lo conversamos  con otras personas, debemos respondernos primero otras preguntas: Qué es la felicidad? Ser feliz es lo mismo que estar feliz? Ser feliz es una emoción, un estado de ánimo, una condición del ser humano dada por alguna circunstancia determinada? Ser feliz es sinónimo de alegría, de bienestar? Estar feliz es estar siempre sonriente? Soy feliz cuando tengo todas las cosas que anhelo? Puedo ser feliz o infeliz de manera permanente?

Cualquier respuesta podría caber acá, puesto que es difícil de construir un concepto único y universal de felicidad y más cuando existen infinitas interpretaciones sobre la felicidad, ya que no todos los seres humanos sentimos, creemos y queremos lo mismo todas las veces y de igual forma. Poder coincidir es casi imposible; pues nuestro sentir, nuestros deseos, la cultura

que nos identifica, los valores con los que crecemos, la formación y creencias que poseemos, comienzan a hacer la diferencia entre lo que percibimos los seres humanos como “FELICIDAD”; todos tenemos una distinción del término y le damos un significado y connotación diferente.

Sin entrar en profundidades cognitivas de carácter científico o semántico, ni interpretaciones espirituales, psicológicas, sociológicas o materialistas; es necesario diferenciar aquella definición de felicidad que se asocia con la realización de metas cumplidas para satisfacer necesidades materiales o generar placeres al cuerpo físico; donde la felicidad es sólo bienestar y en donde se experimenta una sensación de alegría y se le intuye asociada a la belleza, a la fama, a la riqueza y al poder. Todo ello en contra posición con una concepción holística de la
felicidad, donde ésta se entiende como un estado integral avanzado del ser humano racional, que crea una unidad entre el espíritu y las sensaciones físicas del cuerpo, generando un sentimiento de realización material y espiritual que representa la calidad de vida más acabada y reconfortante que un ser humano puede experimentar y la cual no lograría materializarse sin la simbiosis entre el amor y la fe; puesto que ellos le dan origen y sustento a ese “estado”  dentro de nosotros .

El amor es la pieza clave de la felicidad. No hay felicidad sin amor. Por amor tiene sentido la vida. Nada hay tan grande como el amor. El amor es la fuerza que nos impulsa a seguir buscando nuevos caminos a recorrer. Pero existe una gran variedad de estilos y de formas de amar. Desde el amor a la patria, pasando por el amor a la justicia, al orden, a las antigüedades, el amor por lo que tenemos, el amor a lo que hacemos; hasta llegar al amor entre un hombre y
una mujer, al amor humano o el amor a Dios.

Según eso, podemos afirmar que el amor es un sentimiento grato, positivo, goloso, alegre, mediante el cual quedamos prendidos de otras personas, de lo que disfrutamos de la vida, de lo que hacemos, de lo que damos y recibimos.

El amor es así un regalo de la naturaleza, gracias al cual la vida se ilumina y todo cobra un relieve especial.

La felicidad Podríamos decir que es todo aquel conjunto de cosas buenas que cualquier ser humano es incapaz de no querer. Pero hay que decir, antes que nada, que la felicidad es un estado de ánimo, un estado del alma; es una vivencia personal, subjetiva, interior, que ve la propia vida y siente de ella una impresión positiva (felicidad) o negativa (infelicidad).

No todo acto agradable es siempre un acto feliz, ni tiene tampoco porque serlo; puesto que la felicidad se alcanza cuando logramos satisfacer en forma simultánea las necesidades del cuerpo y las necesidades del espíritu. Pensar que la felicidad es un estado integral que perdura en nuestro interior por siempre y de manera ininterrumpida, sería una ingenuidad de nuestra parte, ya que no vivimos en un mundo de perfección ni somos absolutamente responsable de todo lo que sucede a nuestro alrededor; como tampoco podemos asegurar que las cosas sucedan como las pensamos y las deseamos. Hay sentimientos inevitables de tristeza, frustración, fracaso, asociados a una pérdida, a sueños rotos o incumplidos, a errores cometidos, que generan en nosotros una emocionalidad tal que rompe con ese equilibrio “ESPIRITU-CUERPO” y nos aleja del estado de felicidad en el mismo momento que no podemos mantener ininterrumpidamente el mismo estado de ánimo o estado de felicidad.

La felicidad no es ni tiene porque ser permanente, sino que se constituye de momentos felices; por lo cual será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices. Pero como no todos los eventos agradables tienen por qué ser felices, lo que determina espacios en los cuales la persona no es feliz, nadie puede asegurar con propiedad que siempre ha sido feliz o infeliz. Como quedó probado, para que un evento pueda reputarse como feliz requiere indispensablemente  la parte espiritual que es interna; entonces también podemos deducir que somos nosotros en nuestro fuero interior quienes decidimos, al asignarle la cualidad de positivo o negativo, cual evento nos hace felices y cual no; esta última conclusión nos blinda frente a quienes pudieren desear hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro mundo interno.

Ser feliz consiste, por tanto, en aquella forma de vida que desarrolla el mismo ser humano, en la que despliega una personalidad hecha, sólida, firme, con sello propio, con la cual se siente identificado, a gusto, satisfecho, tranquilo, en paz interior. Esta es la puerta inicial de entrada para la felicidad.

Una persona desequilibrada, desajustada, neurótica, inmadura, sin hacer, será muy difícil que se sienta feliz, porque no se ha encontrado consigo misma, no ha hallado la clave que le armoniza por dentro y le hace una conducta adecuada y positiva por fuera.

Lo que se ha dicho hasta ahora es un tanto cierto; pero bajo una visión sesgada de la felicidad; ya que lo lógico y razonable es analizar la felicidad no como un acto sino como un proceso, ya que nadie quiere ser feliz de vez en cuando, sino por siempre. Por tanto aunque nos sintamos en ocasiones felices y en otras no tanto o pensemos que somos infelices la mayor parte del tiempo, lo relevante acá es que el objetivo de vida es vivir intensamente la vida siendo felices y
no luchar incansablemente por conquistar algunos espacios de felicidad en nuestras vidas. Lo que queremos decir hasta ahora, es que lo expresado en párrafos anteriores sólo nos es útil para definir la felicidad como Término o expresión derivado de un estado de ánimo, o sea, “sentirnos” o “estar” felices; pero no “ser” felices.

Ser feliz es mucho más que sentirse bien o estar contento.

Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del
miedo, amor en los desencuentros.

Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.

No es apenas conmemorar el suceso, sino aprender lecciones en los fracasos.

No es apenas tener alegría con los aplausos, sino encontrar alegría en el anonimato.

Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos,  incomprensiones y períodos de crisis.

Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista de quien sabe viajar para dentro de
su propio ser.

Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse un actor de la propia historia.

Es atravesar desiertos fuera de sí, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma.

Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos.

Es saber hablar de uno mismo.

Es tener coraje para oír un “NO”.

Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta.

Es besar a los hijos, mimar a los padres y tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran.

Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple que vive dentro de cada uno de nosotros.

Es tener madurez para decir “me equivoqué”.

Es tener la osadía para decir “perdóname”.

Es tener sensibilidad para expresar “te necesito”.

Es tener capacidad de decir “te amo”.

Por eso deseo que nuestras vidas se vuelvan un jardín de oportunidades para ser feliz… Que en las primaveras seamos amantes de la alegría. Que en el invierno seamos amigos de la sabiduría. Y, cuando nos equivoquemos en el camino, comencemos todo de nuevo. Pues así seremos cada vez más apasionado por la vida.

Y descubriremos que… Ser feliz no es tener una vida perfecta sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la  serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.

Jamás desistamos de las personas que amamos. Jamás desistamos de ser felices, pues la vida es un espectáculo imperdible. ¡Y somos  seres humanos muy especiales!

De esta reflexión se desprende que la Felicidad es y tiene que ser así, una decisión que adoptamos los seres humanos desde nuestro interior, que va más allá de una emoción e incluso supera el estado de ánimo, que aunque éste último sea más perdurable en el tiempo;  como “estado”, unas veces está y otras veces no; razón por la cual  lo vinculamos con nuestro propósito de vida.

Somos felices si queremos serlo, mantenemos nuestra emocionalidad hacia la felicidad si así lo decidimos y lo asumimos, vivimos y actuamos desde el amor por que para nosotros es importante creer y actuar de esa forma; en cambio, cuando asociamos nuestros pensamientos con el sufrimiento y en consecuencia actuamos de igual manera; resulta un tanto complicado lograr conectarnos con espacios mentales y emocionales que generen satisfacción, bienestar, paz interior, aceptación y  felicidad en general.

Ahora bien, sin pretender configurar un manual de felicidad, ya que sería absurdo asumirlo  como de válida y general aplicación práctica con resultados favorables; podemos referirnos a un patrón de pensamiento que propicie un estado integral tendiente a convertirnos en
personas  felices y a asumir la felicidad como un modo de vida donde el stress, las depresiones, los errores, fracasos, pérdidas, abandonos, sueños y metas incumplidas se manejan como circunstancias de la vida que no vulneren la  felicidad que decidimos asumir como conducta emocional o modo de vida.

De manera que, podemos señalar algunos aspectos determinantes en la conformación de un estado de felicidad sustentable en el tiempo,  donde no estaríamos hablando de actos de felicidad aislados; sino de la felicidad como un camino o una opción de vida.
En consecuencia, quienes forman como parte de sus creencias, generan dentro de sí un salto de mentalidad  y asumen una actitud o postura alrededor de los siguientes aspectos, estarán más próximos a conocer el camino de la felicidad.

  1. Se es feliz porque se quiere serlo y así se asume
  2. La felicidad es un modo de vida, una interpretación positiva de todos los hechos
    que se suscitan a nuestro alrrededor y no una emoción que sólo emerge de
    nuestro interior cuando se presentan situaciones gratas o logramos satisfacer
    nuestras necesidades y expectativas.
  3. Para ser feliz es imprescindible actuar y recibir lo que nos dan o lo que la vida
    nos presenta, desde el amor. Sentir que nos amamos, amamos lo que hacemos,
    decimos y pensamos; apartando de nosotros el orgullo, la vanidad, el odio, los
    rencores y resentimientos.
  4. Debemos aprender a desprendernos de los apegos a las personas, a las cosas materiales, a los recuerdos y costumbres.
  5. Debemos ser capaces de entender y aceptar que nuestra felicidad no depende de otros; sino de nosotros mismos.
  6. Desarrollar la capacidad de controlar nuestro ego, vivir con humildad, sencillez y confianza.
  7. Evadir los pensamientos mágicos y nunca pensar, pretender o suponer que otros actúen conforme a nuestros pareceres.
  8. Es necesario creer en las personas y aceptarlas tal y como son.
  9. Aprender a valorarnos, querernos, cuidarnos, respetarnos y aceptarnos como somos.
  10. Hacernos cargo de nuestras emociones evitando generar en nosotros estados de ánimos que nos sean desfavorables
  11. Debemos ser capaces de aprender a desprendernos y  entregar en forma incondicional y desinteresada a nuestros semejantes. Entreguemos amor a los demás.
  12. Tener fe en lo supremo, elevar nuestro nivel de espiritualidad y agradecer siempre por lo que somos, por lo que tenemos y por lo que hayamos logrado.
  13. Hacer siempre el bien, apoyar, ayudar, cooperar y colaborar con quien nos necesite.
  14. Creer en la magia de la vida, convencernos de que todo es posible cuando nos lo proponemos.
  15. Hacer de la felicidad un hábito
  16. No pretender tener siempre la razón, ni vivir en una permanente competencia con otras personas. Lo importante es que se confíe firmemente en lo que somos, hacemos y logramos.
  17. Quien desea ser feliz, no se victimiza ante los demás, ni pretende controlar la vida de otros; eso genera stress, cansancio, frustraciones y produce un efecto contrario porque nos aleja de las demás personas.
  18. Fluir de manera libre y espontanea; sin prejuicios, ataduras, creencias limitadoras,
    ni miedos.
  19. Buscar siempre el sentido positivo de la vida y de las cosas; reencuadrar lo que a primera vista nos parezca desfavorable.
  20. Sonreír, sonreír, abrazar y abrazar, brindar alegría así mismo y a los demás; mantener
    siempre el buen humor.
  21. Aceptar lo fáctico y buscar la paz interior.
  22. Mantener la armonía y el equilibrio entre nuestras necesidades emocionales, espirituales, corporales y materiales.
  23. Luchar incesantemente por nuestros sueños y nunca desfallecer.
  24. Disfrutar intensamente de la vida, de la naturaleza, de las personas, de lo que nos
    acontece. Saborear lo maravilloso de cada acto, de cada gesto, de cada sonrisa,
    de cada situación, de cada regalo, de cada día que transcurre.
  25. Comprender, respetar y no juzgar a los demás.
  26. Vivir la vida con alegría y entusiasmo, hacer las cosas con pasión, aprovechar las oportunidades que se nos presenten.

Luego de analizar en detenimiento cada uno de los ítems arriba señalados, pudiéramos decir, que resulta cuesta arriba pero no imposible sintonizarnos con la felicidad, pero lo que si no podemos negar es que si es posible ser feliz.       

Amemos la vida, sonriamos y alegremos nuestro espíritu.

Hagamos el bien, vivamos intensamente y seamos siempre felices!!!

Recuerda siempre que alcanzar la felicidad requiere esfuerzo y compromiso, pero vale la pena.

La felicidad siempre será el disfrute de la vida dentro de sus circunstancias.

Opina

*